Celebramos la Trinidad

 

No hace mucho tiempo recibí una llamada telefónica de mi sobrina pequeña que tiene 14 años. Generalmente me consulta asuntos de religión, creyendo que yo se todo lo que se refiere a Dios.

“Tía tenemos que hacer una redacción sobre la doctrina de
la Trinidad ¿Me puedes dar algunas ideas?”

No quise decepcionarla diciéndole que la doctrina de
la Trinidad ha aturdido a muchos grandes teólogos durante años y que esta petición era difícil para mí.

Dudé durante algún  tiempo. Al final dije OK,  ya lo haré, y me puse a pensar. 

Nuestro Dios es un Dios en relación.

La primera imagen que vino a mi mente  fue la del bello icono de
la Trinidad pintado por un monje ruso, Andrew Rublev en el siglo XV. Representa a tres figures sentadas a la mesa. Sobre la mesa una gran copa.  Lo que asombra es la igualdad de las figuras. Tienen vestidos parecidos; la misma postura y aparentan la misma edad. Los tres lados de la mesa están ocupados, pero el cuarto está vacío. Está abierto, es atractivo y parece que nos invita a sentarnos. Generalmente los que comentan el icono dicen , que el lugar vacío es para nosotros, para ti y para mí,  el invitado a compartir la mesa y a entrar en esta relación que es el corazón de
la Trinidad.

La doctrina sobre
la Trinidad nos habla de un Dios que no está solo. Dios no es una figura lejana y separada, sentada en algún lugar allá en el cielo, en un  espléndido aislamiento. Al contrario, Dios es un Dios en relación; un Dios de comunión; un Dios que desea incluirnos en esta relación de amor. Dios Trinidad es relación por excelencia.

Juan Pablo II expresa esto así:“Hay una afirmación  profunda y hermosa:  nuestro Dios, en su misterio íntimo, no está  solo, es una familia. En esa Familia Dios encarna la paternidad, la filiación, y, la esencia de la familia, que es el amor. En
la Familia Divina el amor es el Espíritu Santo” (Boff, 1997, p.155). Nuestro Fundador, el Padre Noailles, tenía la misma intuición cuando hablaba de
la Sagrada Familia de Nazaret como de la “dulce imagen de
la Trinidad”. Esta familia (de tres personas) estaba unida por la perfecta armonía con la voluntad del Padre.  (Constituciones. Art. 2)

La
Trinidad, misteriosamente presente en la Creación.

Como
la Sagrada Familia de Nazaret era en la tierra el reflejo de
la Trinidad, así en toda la creación vemos la imagen del Dios trino. En el Bing Bang, hace 13.7  billones de años,
la Trinidad - el Creador, el Espíritu y
la Palabra - estaba misteriosamente presente. “Al principio, Dios creó el cielo y la tierra…el Espíritu de Dios se cernía sobre el abismo”  (Génesis 1,1-2).  “En el principio era
la Palabra, y
la Palabra estaba con Dios y
la Palabra era Dios, estaba con Dios desde el principio”.  (Jn 1,1-2). Pablo subraya en la carta a los colosenses que “en Él, (en Cristo), todas las cosas fueron creadas, en el cielo y en la tierra…todas las cosas fueron creadas por Él y para Él. Él es antes que todo, y todo está unido en Él.”
(
Col 1,16-17)

Dios sigue estando con su creación, actuando constantemente en ella, suscitando nueva vida, cuidándola y renovándola. El cosmos, creado a imagen y semejanza de
la Trinidad, se hace Evangelio que nos habla de Dios. Thomas Berry en 1988 llamaba a la creación la revelación primaria de lo divino, la escritura primaria, el modo primario de  presencia del Espíritu. La interconexión y comunión de cada realidad del universo con toda realidad; la unidad en la diversidad de formas de vida, y la interdependencia  de todos los seres creados, que experimentamos en la creación, son revelaciones de Dios-Trinidad-Comunión.


Nosotros también hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.  

La doctrina de
la Trinidad nos recuerda, no sólo nuestra identidad como seres creados a imagen de Dios, sino también nuestra llamada a vivir relaciones justas con Dios, con  la creación y con toda la comunidad de la tierra. “El Papa Juan Pablo II nos recuerda: “El descubrimiento de la presencia transcendente en la creación  debe conducirnos también a redescubrir nuestro parentesco con la tierra, a la que estamos unidos desde nuestra propia creación”.

¿A qué nos desafía esto? Nos llama a una conversión de mentalidad, a cambiar nuestra manera de situarnos, no como seres superiores que viven en la tierra, y la explotan para su satisfacción inmediata, sino como parte integrante de la tierra y ciertamente del universo

Nos llama  a una manera diferente de vivir,  para que el proyecto de Dios, para que  toda la creación pueda realizarse. Esto quiere decir vivir con sencillez y de manera que se asegure la sustentabilidad del planeta, que aunque rico en recursos, también es limitado. La sencillez significa volver la espalda a la cultura consumista y adoptar un estilo de vida que implica un uso respetuoso de todo lo que necesitamos y una buena voluntad de reciclarlo cuando ha realizado su objetivo. Después de todo, este  es el camino de la  naturaleza que usa todo y no derrocha.

Nos llama a vivir en la fe, la esperanza y el amor. Creyendo que el compromiso de cuidar la tierra  y todos los seres creados es la participación en la obra del Creador, quien en cada momento sostiene todo en el ser.

La esperanza nos asegura, que a pesar de las amenazas  que pesan sobre el planeta, el cosmos y esta tierra pertenecen  al Espíritu y a
la Palabra que cumplirá la promesa que hizo de hacer nuevas todas las cosas.

El amor nos conduce a identificarnos cada vez más con nuestra morada terrena. Nos exige que tratemos a la tierra como nosotros querríamos que nos trataran: con respeto,  compasión, justicia y amor.

¿Qué contesté a mi sobrina?:
La Trinidad es relación, es familia, es todo lo que tiene relación con los seres humanos, todo lo que puede hacernos realmente felices.

Referencias:

Berry, T., (1988). “The Dream of the Earth”.  Sierra Club Books, San Francisco.

Boff, L., (1997). “Cry of the Earth, Cry of the Poor”.  Orbis Books,
Maryknoll, New York. 

John Paul 11 (2000) Trinity is mysteriously present in Creation.  General Audience 26th January 2000.

Gemma Corbett (B&I)